Por Juan Pablo Carsi, líder del Comité de Ciberseguridad.
¿Qué pasará cuando dos países ofrezcan el mismo costo, la misma cercanía y el mismo talento… pero solo uno pueda demostrar que es digitalmente confiable?
México inicia 2026 con una oportunidad clara: consolidarse como un actor clave en la economía digital global. Nearshoring, tratados comerciales, capacidad industrial y talento han puesto al país en el radar de inversión. Sin embargo, el terreno de competencia ha cambiado silenciosamente. Hoy no basta con producir bien; hay que operar de forma confiable, resiliente y segura.
La ciberseguridad dejó de ser un asunto técnico para convertirse en un factor económico y estratégico. Y quienes no lo entiendan a tiempo competirán con desventaja.
El nuevo criterio de competencia
Durante años, las decisiones de inversión se basaron en costos, ubicación y capacidad operativa. Hoy, a esos factores se suma uno más: la confianza digital. Empresas globales evalúan cada vez con mayor rigor la continuidad operativa, la gestión de incidentes, la protección de datos y la seguridad de la cadena de suministro. No como un requisito adicional, sino como un criterio de selección.
La infraestructura que no se ve
La ciberseguridad es una forma de infraestructura invisible. Como la red eléctrica o las telecomunicaciones, rara vez se nota cuando funciona, pero cuando falla, el impacto es inmediato y sistémico.
Competir en 2026 no será solo una cuestión de eficiencia o escala. Será una cuestión de confianza. Y la confianza, en la economía digital, se diseña desde hoy.